Situación del Arte Contemporáneo en el Paraguay

Osvaldo Gonzalez Real, Curador

Las artes plásticas en nuestro país han tenido un asombroso desarrollo. Desde que evolucionó el arte moderno, hasta nuestros días, los artistas nacionales han asimilado e integrado todas las técnicas y las diversas tendencias de la modernidad. En efecto, desde el cubismo hasta lo conceptual, se ha pasado por todos los movimientos de vanguardia, y hacia los años ’70, se han asimilado movimientos como el Op Art, el expresionismo abstracto y la pura abstracción geométrica. De alguna manera desde la aparición de ‘Los Novísimos’, nos hemos puesto al día con las tendencias internacionales. Los pintores paraguayos, como Carlos Colombino y Ricardo Migliorisi, han tratado absorber lo foráneo, dándole un toque autóctono para no copiar servilmente los modelos hegemónicos del Oeste. Quizás el hecho de ser una cultura marginal, situada en los bordes de la civilización occidental, haya hecho que el arte indígena (aún vigente) y el arte popular y folklórico, hayan dado una visión propia del subdesarrollo. El Paraguay, estaba lejos de los centros de producción plástica (tanto de los Estados Unidos, como de Europa) por lo tanto los atisbos de las corrientes estéticas, llegaban desde Argentina o Brasil. Según los sociólogos actuales, pertenecer a los confines de Occidente, proporcionaría cierta ventaja para no ser totalmente obnubilados, por los modelos extranjeros. Los países en esta situación podrían defender su propia identidad y enfrentar con ciertas armarla globalidad invasora.

El problema del antagonismo—es decir, la identidad y la globalidad—se presenta desde el momento en que el imperialismo tardío se manifiesta como un conglomerado de valores alienantes y avasalladores de las culturas latinoamericanas. Las influencias de las altas culturas representadas por los incas, los mayas y los aztecas, solo llegaron a la cerámica y al arte popular. Recién, en los últimos tiempos, después de la revalorización de las culturas precolombinas, se logró una cierta simbiosis entre lo propio y lo ajeno. Los muralistas mexicanos (como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros), Oswaldo Guayasamín, Wilfredo Lam, Lieber Fridman y otros, no menos importantes, lograron una especie de síntesis entre lo europeo y lo americano (en el sentido más amplio de la palabra). Uno de los primeros ejemplos de admiración y reconocimiento de nuestro arte precolombino fue cuando el gran artista Alberto Durero (en pleno barroco) pudo contemplar unas laminas de oro grabadas por los incas, que causaron su asombro, de que aquí, en esta parte del mundo, se hubieran logrado estas maravillas.

El arte académico del siglo XIX, tuvo, por supuesto, su impronta en la producción local: paisajes bucólicos, ranchos campesinos, idílicas mujeres nativas, los frondosos y floridos ‘tajy’, fueron los temas preferidos por los grandes maestros de antaño: Pablo Alborno, Roberto Holden Jara, y luego los impresionistas y pos-impresionistas como Jaime Bestard y Modesto Delgado Rodas, dejaron su impronta en nuestra historia. En este tiempo, los jóvenes artistas aprendieron a dibujar y a manejar las perspectivas y las texturas. El estancamiento posterior fue largo y recién se rompió en 1954 con la aparición de el grupo ‘Arte Nuevo’.

Pero debemos referirnos al ‘quid’ de la cuestión; el tema de esta primera bienal: un ‘grito de libertad’ y de ‘si somos, o no, americanos’. El grito es el espontáneo aliento de todos artistas creadores que se consideran libres de ataduras para concebir y ejecutar su obra. Hay artistas que han vivido el exilio, impuesto por múltiples dictaduras latinoamericanas y otros, que en el exilio interior, han tenido que pintar, como a escondidas, o con una autocensura implícita durante la tiranía, en la cual se lograron algunas obras contestatarias utilizando el surrealismo o el expresionismo – casi abstracto: Olga Blinder con sus grabados, Carlos Colombino con sus ‘generales’, Enrique Careaga con su ‘Virgen de los Billetes’, William Riquelme con sus grotescas caricaturas, los ‘happenings’, las instalaciones, el video arte, las performances, vinieron después, tardíamente, en relación con los movimientos del ‘Di Tella’, por ejemplo. Pero, los pintores jóvenes, se iban aggiornando. Aparecen dibujantes excepcionales como Genaro Espinola conocido como Jenaro Pindú, Luis Alberto Boh, Bettina Brizuela y Pedro Florentin de Mestri; que muestran una nueva manera de representar la realidad, haciendo un gran alarde técnico y estilístico. Los grabadores tampoco quedan atrás, la mayoría discípulos del taller de Livio Abramo. En el centro Cultural Paraguayo Brasileño con el ejemplo de Josefina Plá, Edith Jiménez y de allí surgen grabadores como Jacinto Rivero y otros, no menos notables como Carlo Spatuzza, Lotte Schulz y otros.

En la escultura se destacaron Herman Guggiari, Hugo Pistilli, Laterza Parodi y Josefina Plá (en la escultura cerámica). Varios recibieron premios internacionales en diversas bienales. Mas tarde surgieron importantes cultores de esta modalidad, como Gustavo Beckelman, y posteriormente, aparecen las intervenciones, instalaciones, performances, graffiti y otras tendencias del arte conceptual.

Pero volviendo al tema identidad y la globalidad, debemos decir que esta bienal surgió, originalmente, de una idea del curador estadounidense Royce W. Smith, quien después de visitar en varias oportunidades nuestro país, comprobó que existían grandes valores cuyas obras, debían ser visualizadas con mayor atención, desde el extranjero y que por lo tantos se debían compensar la ignorancia que bienales como Documenta tenía sobre el arte de estas regiones olvidadas de la historia del arte. Esta primera Bienal de Asunción es pues una reivindicación de los segregados de los centros hegemónicos extranjeros, y una posibilidad de que la gente venga a ver lo que se logra, artísticamente, en las antípodas de la cultura donde puede florescer el verdadero posmodernismo.

A los artistas que fueron seleccionados bajo el paraguas curatorial, la mayoría de ellos son emergentes, se suman artistas invitados nacionales y extranjeros, en número casi centenario. La curaduría compuesta por un estadounidense, una cubana y un paraguayo, dan suficiente garantía para el criterio de selección estética. A la muestra principal, acompañarán eventos complementarios que incluirán festivales de cine, fotografía, teatro, video arte, graffiti, murales, arte indígena, y arte popular, entre otros medios y modos.

Esta muestra abarcará la totalidad de la ciudad: plazas, casas patrimoniales, casas abandonadas, centros culturales, la costanera José Asunción Flores, museos y galerías con visitas guiadas, que seguirán itinerarios predeterminados en buses proporcionados para el efecto. Una ‘plataforma educativa’ llevará los proyectos de la bienal a una cantidad de escuelas y colegios del país.

Además, se ha propuesto un simposio de críticos, artistas, curadores, y teóricos del arte para discutir la problemática del arte actual en nuestra América, en especial el tema de la identidad y la globalización tan actual en nuestra época. En cuanto al debate ‘moderno/posmoderno’, aunque la mayoría de los críticos, creo, optaron por la aceptación ‘modernismo tardío’, siguiendo la aseveración de Jürgen Habermas, aunque sin ignorar los argumentos de Jean-François Lyotard en cuanto a su propuesta de que vivimos una época ‘pos-metafísica’ y ‘pos-histórica’. La mayoría de los artistas paraguayos rechazaron la actitud nihilista y optaron por la posibilidad de la utopía, a pesar de la postura de Theodor Adorno, en relación al hecho del Holocausto, como un antes y un después, en la historia del arte.

Por otra parte algunos artistas desencantados, adoptaron una tesitura muy particular, para enfrentar el absurdo de la existencia y la catastrófica realidad de su situación en el mundo. Fundamentalmente, casi nadie cayó en la teoría del ‘arte por el arte’ y afrontaron la circunstancia de la dictadura con una crítica rigurosa y radical, aunque, a veces, tuvieron que optar por la autocensura, para poder exhibir sus cuadros.

También, el tema de la identidad paraguaya y latinoamericana fue tema de varios coloquios, los cuales llegaron a la conclusión de que era un tema muy complejo, donde el caso del bilingüismo y el mestizaje cultural nos lleva a postular una identidad híbrida y en constante cambio, para afrontar la influencia de los países ‘centrales’ y la lógica acuciante del capitalismo tardío y la utilización de los ‘más media’ como instrumento de la globalización. Algunos piensan que, inclusive hemos renegado, o renunciado, a nuestra identidad. El hecho de que nuestro país está situado en la periferia—culturalmente y económicamente—nos lleva a una categoría especial, que, de alguna manera, nos puede salvar de la inautenticidad y la alienación total. En esta bienal serán notorias las actividades conectadas con esta problemática.

       
PATROCINADORES MASTER
AUSPICIAN

Apoyan


Colaboran